Los primeros días de Tyler y Mía juntos...

Una de las cosas más importantes que me preocupó en el momento de que Mía llegara a casa era cómo se llevaría con Tyler. Tyler tenía un poco más de 6 años, siendo el consentido y dentro de mi círculo cercano de amistades, el único perro y como siempre trataba de llevarlo a todos lados y al ser tan bien portado pues todos lo aceptaban y se enamoraban inmediatamente de él.

Ahora bien, seguí mis instintos de cómo presentarlos. Ya Tyler había visitado a sus hijos en casa de la madre, no sé si los habría olido bien porque no era recomendable que el macho se acercara mucho a los cachorros con la madre cerca, ya que se podría poner algo defensiva de sus cachorros. Muchos me preguntan todavía “¿El sabe que Mía es su hija?” Mi respuesta es siempre “no sé.. jejeje”. Traté de investigar en la red y pues habían ideas encontradas: unos decían que sí y otros no daban respuestas claras. Mi humilde respuesta sería: dependerá de cuan involucrado haya estado el macho durante el tiempo de gestación y de nacimiento de los cachorros. En el caso de Tyler, las visitas eran esporádicas y solo vio a Mía dos veces después del nacimiento. La ventaja que tenia era el temperamento de Tyler, pues siempre fue un perro bastante equilibrado, así que asumí que no pasaría nada grave entre ellos pero no fui completamente confiado ya que Mía era una cachorra de 2 meses y medio y Tyler ya estaba grande tenia mas de 6 años.
 Lo primero que hice fue ubicar a Mía en su propio espacio, así que acondicioné el baño del cuarto de visita para la pequeñita. Las primeras noches durmió en ese espacio. A medida que pasaba el tiempo, empecé a llevarla a mi cuarto un poco para que interactuara mas con Tyler, los 3 estábamos en la cama, veíamos tele y hasta empezamos a dormir juntos. De esta manera veía el comportamiento de Tyler con Mía, era obvio que él estaba algo extrañado de tener a Mía en su espacio pero en ningún momento mostró agresividad ante ella, lo único eran ciertos gruñidos cuando jugaban entre ellos.


Lo más importante dentro de la adaptación de ambos niños era que cada uno tuviera su espacio, sus platos, sus camas, sus juguetes, pero sobretodo que ambos recibieran el mismo cariño y atención de mi parte; este punto es determinante para que Tyler no se sintiera desplazado y Mía no se sintiera excluida. Cuando me tocaba dejarlos solos al menos los primero meses, los dejaba separados por una cerca que permitía a ambos verse pero que evitaba cualquier contacto entre ellos, Mía, al ser más pequeña, le dejaba el espacio más pequeño y Tyler el espacio más grande. Siempre busqué espacios para que jugaran juntos, y su juego favorito es lanzarles un juguete para que lo traigan. Por supuesto Tyler siempre le gana a Mía por ser más grande pero ella no le importa igual y se lo quita en mitad del camino.

Ya han pasado dos años de que ellos estan juntos y ya Tyler siente a Mía como parte de la manada tan es así que cuando ella le ladra a otro perro y sale corriendo a defenderla o a apoyarla, cada vez que veo eso me lleno de alegría porque sé que ya la quiere como parte de la familia. Luego ya de todo este tiempo no puedo arrepentirme de haber tenido a Mía conmigo ha llenado de alegría el hogar y siento que ha rejuvenecido mucho a Tyler porque lo hace correr, juegan juntos y sobretodo se hacen compañía… ya no me siento tan culpable de dejarlos solos porque sé que ellos se tienen entre sí para apoyarse y hasta para buscarse calor…amo verlos dormir juntos ¡No hay nada mejor que eso!

Creo que el tener un par siempre es mejor, lo he vivido en carne propia cada uno con su propia personalidad y forma de ser te hace llenarte de amor cada día más.

La vida con perros es mejor que una vida sin ellos...

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